La fuerza de la vida

Todos venimos con una cierta dotación de «vida», que se refleja en cosas tan simples como en el entusiasmo hacia un nuevo proyecto, o en la dedicación incansable hacia la consecución de una meta.

Solo hay que observar a un niño para darse cuenta de cuánta «vida» tiene.

Se podría decir que él simplemente está viviendo felizmente el presente y construyendo con ilusión su futuro.

Cuando el dolor de las pérdidas sufridas se va acumulando en exceso, esa cantidad de «vida» parece como si se quedara atrapada, y uno acabara sintiéndose más «muerto».

Básicamente se queda atrapado en el pasado, apenas vive en el presente y se ha dado por rendido en cuanto a construir su futuro.

Tenemos la respuesta para recuperar esa cantidad de «vida».

Uno puede volver a sonreír de nuevo y uno puede volver a soñar de nuevo.

Pues si sabemos qué fue lo que hundió en el fango, sabemos por dónde empezar a sacarlo del mismo.

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